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ELECCIONES / Autopistas solitarias y tristeza retumbante en los centros de votación
Desolación total

Una abstención como la de ayer nunca será "normal", así lo repitan incansablemente los voceros oficialistas. (Foto Nicola Rocco)
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Todos perdieron. La oposición, porque por primera vez dividió a su electorado. El CNE, porque, por su falta de credibilidad, fue castigado por la abstención. Y el Gobierno, porque su capacidad de convocatoria se redujo al mínimo y los índices de ausencia electoral desdicen de la proclamada "democracia participativa y protagónica". Ayer no hubo participación y la única protagonista fue la abstención.

ROBERTO GIUSTI

EL UNIVERSAL

La multitud se movía con dificultad por la estrechez de la calle Real de Los Paraparos, en La Vega. Las aceras se hacían pequeñas para el número de personas que por allí transitaban y algunas caminaban entre los espacios dejados por los vehículos, detenidos en una cola bajo el picante sol de las diez de la mañana.

Era la hora del mercado dominical y en el abigarrado paisaje del barrio los toldos de los vendedores de tomates, cebollas, jojotos, CD quemados, ropa interior y demás productos del baratillo popular, las escuelas Luis Ezpelosín y Amanda de Schnell, con sus puertas abiertas, las listas de electores en las paredes y los soldaditos esperando clientela, eran totalmente ignoradas por los viandantes.

Apenas algunos ancianos se buscaban en la selva de números donde aparecían las cédulas de los votantes y un reservista desaliñado bostezaba sin rubor bajo la precaria sombra del portón, mientras, adentro, los miembros de las mesas atendían obsequiosamente a algún extraviado conducido hasta allí en los jeeps habilitados por el MVR para la denominada "ruta bolivariana".

Ya Jorge Rodríguez había anunciado la instalación del 92% de las mesas en todo el país, lo cual no se correspondía con lo que estaba ocurriendo en el Colegio Santa Rosa de Lima, donde finalmente las mesas comenzaron a funcionar a las ocho y treinta de la mañana y una hora después sólo habían votado cinco personas.

Situación contrastante con otras épocas electorales, cuando a las seis de la mañana ya había gente votando y las mesas estaban instaladas.

En Caricuao las cosas tampoco pintaban bien para la participación. Hace un año, cuando se celebró el revocatorio, la vibración electoral se sentía con sólo observar a los balcones de los bloques, desde donde ondeaban muchas banderas rojas con el NO y una que otra azul y blanca apoyando al SI.

Esta vez había más fieles entrando al santuario de Santa Rita de Casia, donde los padres agustinos se disponían a celebrar la misa, que sufragantes en la Unidad Educativa Ramón Díaz Sánchez o en la Policlínica Popular, habilitados como centros de votación.

La misma desolación se presentaba en la avenida Sucre, frente al Parque del Oeste, donde el 15 de agosto del año pasado una multitud heroica soportó toda clase de penalidades hasta por doce horas, sostenida en una voluntad inquebrantable de votar. Ahora lo que se observaba eran paseantes, pasajeros del metro, buhoneros y gente con desprevenido talante dominguero.

En la calle Ayacucho de Monte Piedad y en La Cañada, muy cerca de 23 de Enero, las colas se formaban frente a las rejas de las licorerías y la cerveza light aliviaba la garganta acalorada de los lugareños. Allí la ley seca brillaba por su ausencia, a pesar de la presencia de los motorizados de la Casa Militar, de los fiscales de Tránsito y de los patrulleros de la PM, quienes cerraron calles y abrieron un corredor vial para la llegada, sin sobresaltos, del Presidente, quien pese a no ser vecino del sector ahora suele votar por allí.

Entrando al este lo primero que llamaba la atención era la poca afluencia de comensales en los restaurantes de carnes, generalmente repletos los domingos por las tardes. Ese era el aspecto de Las Mercedes, donde había más clientes bancarios frente a los cajeros automáticos que en el Centro Venezolano Americano, donde funcionaban unas seis mesas.

Autopistas solitarias, tránsito libre y una tristeza retumbante en los centros de votación de La Trinidad, donde, ante la ausencia de los titulares, oficiaron como miembros de mesa voluntarios con toda la pinta de chavistas. Un revés para los alcaldes Capriles y López, para quienes resulta vital contar con el apoyo de unas cámaras cuya composición, por la abstención de sus electores naturales, no reflejará, necesariamente, la voluntad de la mayoría de los vecinos en sus respectivos municipios.

El panorama se presentaba semejante en casi todos los estados del país. Retraso en la instalación de las mesas, ausencia sistemática de los responsables, afluencia mínima de votantes, exhortación de voceros oficialistas, como Willian Lara, quien llegó a ofrecer paraguas a aquellos que fueran a votar bajo la lluvia, como estaba ocurriendo, según advirtió, en algunas poblaciones del Táchira.

En fin, un balance desconsolador para todo el mundo. En primer lugar para una oposición que se distinguió el 15 de agosto por un voto masivo, combativo y unitario, lo cual, a pesar de la derrota, la convertía en una potencia electoral que ni el ventajismo y triquiñuelas del Gobierno pudieron reducir. En esta oportunidad, la división también alcanzó al electorado y esa fuerza pujante se difuminó entre participacionistas y abstencionistas.

Negativo también para un CNE carente de la confianza de la mayoría del país, lo cual parece convertirlo en uno de los de menor credibilidad en la historia electoral del país, a pesar de los notables esfuerzos hechos para estimular el voto.

Finalmente el resultado expresa el escaso poder de convocatoria de un gobierno débil, incapaz de movilizar a su gente. Una abstención como la de ayer, nunca será "normal", así lo repitan incansablemente los voceros oficialistas. Ese fue el comienzo del fin de la Cuarta República y aunque no sabemos si lo será de la Quinta, lo cierto es que esta pregonada democracia participativa y protagónica ayer no tuvo nada de participativa. Protagonista sí hubo una y se llama abstención.



 
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