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Caracas, lunes 08 de agosto, 2005  
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El fantasma del revocatorio renació un año después

Este, el CNE de las prórrogas polémicas, rompió la paz de una jornada, donde todo parecía destinado a un final previsible, con el anuncio de un alto porcentaje de abstención, forzando la prolongación de las votaciones.

A la vista la melancolía de centros de votación desiertos, donde sólo estaban los militares y los miembros de mesa, la ampliación del horario en tres horas más de lo originalmente establecido provocó la suspicacia y soliviantó los ánimos.

Una vez más la gente pensó mal, renacieron los fantasmas del 15 de agosto y surgieron las dudas sobre la confiabilidad en la autonomía de un poder electoral que, golpeado por el desacato de los votantes, no podría ni querría romper el récord nacional de abstención (76%).

Todo esto con el ingrediente adicional de una rueda de prensa presidencial cargada de proselitismo, en lo que parecía un esfuerzo, in extremis, por arrastrar la gente a las urnas, incluyendo promesas de dádivas (un billón de bolívares para el poder municipal). Ese empujón de última hora lucía como el reconocimiento tácito del fracaso, por esta vez, del casi siempre potentísimo e inefable poder de convocatoria del líder máximo. Ventajismo descarado sobre el cual el presidente del CNE se excusó de opinar porque no tuvo oportunidad, según dijo, de observar el espectáculo, luego de que los reporteros le preguntaron si no se había previsto una sanción por la presunta violación de la ley.

La primera y airada reacción fue la de Gerardo Blyde, secretario general de Primero Justicia, quien además de considerar la decisión sobre las prórrogas como violatoria de la Ley del Sufragio, señaló como carente de sentido mantener abiertas unas mesas de votación que sólo deben permanecer así en caso de haber votantes a la espera de cumplir con su derecho.

Luego Jorge Rodríguez explicaría que la medida obedeció al flujo de votantes, que de un momento a otro, en inusitado repunte, invadió los centros de votación, lo cual justificaba, bajo criterios técnicos irreprochables, la habilitación de la prórroga.

Sólo que a simple vista y más allá de los registros de las captahuellas, la desolación era una realidad inocultable y pese a que un número indeterminado de votantes habría agradecido la decisión porque les permitió votar, una porción determinante de los venezolanos sintió cómo se reforzaba, con o sin razón, su desconfianza hacia el CNE._RG



 
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