JUAN FRANCISCO ALONSO
EL UNIVERSAL
Un año ha transcurrido desde que la camioneta Toyota
Autana amarilla en la que se desplazaba el fiscal Danilo Anderson
saltó por los aires y todavía son más las sombras
que las luces que se ciernen sobre la identidad de los planificadores
y ejecutores del atentado terrorista; y sobre los motivos para
realizarlo.
Las recientes actuaciones del Ministerio Público contra
la periodista Patricia Poleo, el empresario Nelson Mezerhane,
el general (r) Eugenio Añez y Salvador Romaní hijo
han generado suspicacias, por cuanto ninguno de esos nombres
había sido mencionado por las personas que fueron llamadas
a declarar ni figuraban en las actas que, hasta el momento,
se habían filtrado a los medios de comunicación.
Dos de los hermanos del fallecido funcionario, Marisela
Caraballo Anderson y Juan José Meléndez Anderson,
en una rueda de prensa recientemente celebrada, exigieron
al fiscal Isaías Rodríguez que les "diera herramientas"
para no creer que su actuación buscaba "desviar la
atención", tal y como lo han asegurado sectores de
la oposición.
Rodríguez ha rechazado estos señalamientos
y ha asegurado que su despacho cuenta con elementos para
señalar a Poleo, Mezerhane, Romaní y Añez;
así como para condenar a Rolando, Otoniel y Juan
Bautista Guevara, presuntos ejecutores del atentado.
Llamadas e informantes
Desde su inicio, la investigación del Ministerio Público
ha sido guiada por el testimonio de informantes, algunos
anónimos y otros de ellos de dudosa credibilidad.
En las actas consta que el 19 de noviembre la policía
científica (Cicpc) recibió una llamada
anónima, en la cual se asegura que los Guevara
fueron quienes mataron a Anderson y acusa a Juan
Bautista de colocar el explosivo, mientras la camioneta
del fiscal estaba estacionada en las afueras del
Instituto de la Policía Científica (Iupolc).
Esa fuente también es la que lleva a los
fiscales del caso a dar con Juan Carlos Sánchez,
Antonio López, Pedro Lander y Johan Peña.
Los Guevara presumen que el informante es un funcionario
del Cicpc que utiliza el seudónimo de Marcos
Cabala.
En mayo pasado, Alexis Peñuela dijo en
la Fiscalía que los Guevara lo habían
contratado para "ponerle un tumbarrancho a un
funcionario que estaba echando vaina", pero
al percatarse de que era algo más grave
se desapareció, luego de supuestamente
haber cobrado parte de su pago.
En agosto, Giovanni Vásquez De Armas,
un supuesto paramilitar colombiano y que habría
sido contratado para transportar el C4 utilizado
en el atentado, también acudió al
Ministerio Público para contar lo que
sabía sobre la planificación del
crimen. Su testimonio ha servido para actuar
contra Poleo, Mezerhane, Añez y Romaní.
El fiscal Rodríguez ha defendido la
credibilidad de Vásquez, pese a que
las autoridades del vecino país han
afirmado que tiene antecedentes penales
y que ha sido procesado por usurpación
de identidad.
Los cruces de las llamadas telefónicas
entre los supuestos implicados también
es otro elemento esgrimido por el despacho
de Isaías Rodríguez para sustentar
sus señalamientos, aun cuando no
tiene registrado el contenido de ninguna
conversación.
Las hipótesis
Nada más conocerse el asesinato del fiscal Anderson,
algunos voceros del Alto Gobierno
afirmaron que el móvil era "político".
No obstante, días después,
el entonces concejal del municipio
Libertador, Carlos Herrera, denunció
que el crimen habría sido planificado
por sectores financieros y políticos.
"Un sector del Gobierno estaba
presionando a Danilo para que no
imputara a unos banqueros y empresarios
que estaban involucrados en la firma
del decreto (Pedro) Carmona Estanga"
el 12 de abril de 2002, afirmó,
al tiempo que exigió que fuera
investigada una lista de personas,
entre quienes destacaba el vicepresidente
José Vicente Rangel, el hoy
ex ministro de Finanzas, Tobías
Nóbrega; los empresarios Arístides
Maza e Ignacio Salvatierra.
Posteriormente, comenzaron a
filtrarse algunas actas contentivas
de las declaraciones de amigos
del fiscal (Sócrates Tiniacos),
en las cuales se aseveraba que
unos abogados de banqueros le
habrían ofrecido dinero al
funcionario asesinado, a cambio
de que no los procesara.
A partir de allí comenzó
a surgir la tesis de que el
atentado del 18 de noviembre
de 2004 pudo haber sido orquestada
por una supuesta red de extorsión
que habría operado en torno
a Anderson.
Pese a que el máximo
representante del Ministerio
Público ha asegurado
en reiteradas oportunidades
que esa versión sería
investigada, hasta el momento
poco o nada se sabe al respecto.
Otra hipótesis que
al parecer tampoco ha sido
tomada en cuenta por los
investigadores es la referente
a la inusual presencia de
efectivos de la Disip en
los alrededores del lugar
donde se produjo el bombazo.
Esto, pese a que al menos
dos estudiantes del Iupolc,
donde también cursaba
estudios Anderson, habría
observado a dos motorizados
de ese cuerpo policial a
la altura de la Universidad
Bolivariana en Los Chaguaramos
y los habrían oído
cuando decían: "La
camioneta amarilla está
arriba".
Los cambios de las comisiones
investigadoras también
han generado suspicacias,
sobre todo la última
modificación, la
cual vino acompañada
por los señalamientos
del fiscal Rodríguez
en contra del coordinador
de ese equipo, el comisario
José Cuéllar,
de quien insinuó
que estaba al servicio
de la inteligencia estadounidense
(CIA). Cuéllar sugirió
precisamente ponerle la
lupa sobre los efectivos
de la policía política.